20 septiembre, 2017

Segunda jornada y excursión en Reunión

El segundo día en Reunión iba a ser muy productivo. Y como a las 08:30 horas habíamos quedado con el taxista no nos hicimos esperar. La excursión nos tendría casi todo el día fuera ya que duraría unas cuantas horas, en las cuales haríamos un recorrido completo alrededor de la isla.

Como ya expliqué en el artículo anterior (primera parte de La Isla de la Reunión) veríamos zonas costeras y otras interiores, como el circo de Salazie.

Me resultó curioso la insistencia del conductor: le comentamos que podíamos prescindir ir a Salazie –por haberlo visitado el día anterior-  y aun así se obcecó en llevarnos.

Salimos del puerto de San Denis para dejarnos llevar por el taxista. Poco antes, y sobre un plano de la isla, fue indicándonos todos los lugares que visitaríamos.

La primera parada no se hizo esperar. El conductor nos llevó hasta un bonito parque. Tras aparcar el taxi caminamos por él. Era una maravilla, un sitio para perderse de la capital (San Denis) donde los habitantes pueden hacer deporte o pasear. Tiene un gran puente para pasar al otro lado del parque. Bajo la pasarela las tranquilas aguas del río reposan en los márgenes. Al fondo, mirando al interior de la isla, las montañas se ven salpicadas por cientos de casas cuyas fachadas están pintadas de blanco.

El parquecito nos dejó embobados. Y nos marchamos pensando lo afortunados que son los habitantes de la ciudad por poder disfrutar de un paraje tan lindo como aquel.

  

Nuevamente en carretera pudimos observar el litoral hasta las siguientes paradas, correspondientes (respectivamente) a la Reserva Natural Marina de Reunión, parada en una de las miles de playas que posee la isla, y un par de paradas más en miradores.

Junto al letrero informativo de la Reserva Natural Marina otro alerta de la presencia de tiburones, advirtiendo de la prohibición de bañarse en el agua así como realizar cualquier tipo de actividad y/o deporte acuático.

Esta parte de la excursión fue panorámica. Y nosotros nos limitamos a contemplar, desde lo alto, la magnitud del mar, los acantilados, sus playas y la costa.

De aquí el conductor nos dejó en la playa. La visita fue breve, y tras hacer unas cuantas fotos, nos llevó al primer mirador. Este punto es interesantísimo pues -por decirlo de algún modo- suponía un pequeño adelanto de lo que veríamos a los pies del volcán Pitón de Fournaise: la devastación natural provocada por erupciones volcánicas, solo que ahí está siendo golpeado por el oleaje, a perpetuidad.

El último mirador nos deleitó con una panorámica fabulosa del mar y el litoral.

   La excursión se puso interesante, pronto estaríamos en la que, sin dudas, en la estrella de la Isla de La Reunión: el gran Pitón de la Fournaise.

Mi claro objetivo en Reunión era precisamente poder ver, con mis propios ojos, este volcán, sobre todo el cráter. Por lo que, según nos íbamos aproximando a él, la emoción fue apoderándose de mi ser. Pero como nada es idílico, salvo en las películas, la decepción asimismo hizo acto de presencia.

Cuando organizas un viaje has de preparar un sinfín de cosas. Sin embargo, hay algo que se escapa al control de la planificación: la meteorología. Ese día la niebla fue la absoluta responsable de que yo no pudiera ver cumplido mi sueño.

La niebla coronaba el cráter del volcán; y al no estar visible nos fue imposible visualizarlo. Bien es cierto que en Reunión este fenómeno atmosférico es frecuente sin embargo siempre se tiene la esperanza de que la niebla no chafe las anheladas vistas.

El taxista nos había advertido, antes de iniciar la excursión, que no subiríamos a él. Y aunque intentamos hacerle cambiar de idea con la finalidad de que nos llevara arriba se mantuvo firme en la negativa. Francamente creo que en este aspecto no tuvimos suerte; pero sí pudimos disfrutar de esta maravilla natural.

          El volcán Pitón de la Fournaise.

   Por la importancia que tiene este impresionante volcán quiero dedicarle espacio propio.

El Pitón de la Fournaise es un volcán activo (tipo escudo) integrado en la cordillera del Macizo del Pitón de la Fournaise. Ubicado al sudeste de Reunión, sus 2632 metros de altura conforman el 40 por ciento de esta parte de la isla.

Es uno de los volcanes más activos del planeta, entra en erupción con frecuencia, la media es como los embarazos en la mujer: uno cada nueve meses. De hecho, la última erupción es muy reciente puesto que tuvo lugar entre los días 11 y 16 de septiembre del año pasado (2016.)

En el año 1979 se instaló en Reunión un observatorio vuolcanológico. A partir de entonces el volcán Pitón de la Fournaise es uno de los más vigilados de la Tierra.

   El 21 de septiembre del año 1751 fue ascendido, por primera vez, por Andoche Donet de Palmaroux.

(Como he comentado en este artículo, nuestra excursión no incluía ascender al mismo. Sin embargo sí se puede acceder a él de forma relativamente fácil por la carretera forestal del volcán o por la de Las Lavas. Desde lo alto se pueden ver espectáculos de lava.)

       A los pies del Pitón de la Fournaise.

   Ante el majestuoso volcán se aprecia como el extenso terrero está completamente  devastado, culpa de la lava incandescente proveniente del volcán en estados de erupción.

Sobre lo que, tiempo atrás, fuera tierra verde, fuimos caminando cuidadosamente por terreros desiguales cubiertos de lava. Mirando hacia el volcán imaginé descender por la ladera lenguas ardientes de lava que terminaban en el mar.

¿Cuántos años tendrán que pasar para que la vegetación de antaño vuelva a brotar?

Mi consuelo ante la devastación que veía era que, al menos esta, había sido provocada por la Madre Naturaleza. Y como tiene la consideración de ser sabia, alguna explicación lógica ha de tener… En cambio, si pienso en la devastación acontecida por la mano del hombre. Aquí el infortunio no es válido: la desgracia de ver bosques calcinados, obra de incendios intencionados solamente por conseguir lucro económico…

Pura reflexión para el que está alejado de una sociedad egoísta. Pura reflexión que llega nítida a la mente ante otras sociedades…

Dejémoslo estar.

   Luego de pasar largo rato observando, deambulando, pensando… Pusimos tierra de por medio para continuar recorriendo la isla.

   El conductor nos tenía preparada una sorpresa. Visitamos un sitio precioso, una especie de bosque con árboles grandiosos y cascaditas que terminaba en una pequeña playa rocosa.

Tras pasear y escrutar sus rincones decidimos sentarnos sobre la hierba para charlar sobre todo lo que estábamos conociendo.

   Ante las personas que estén leyendo este artículo me veo en la necesidad de disculparme. Porque desconozco parte de los nombre de los lugares que he hablado. Aunque he intentado localizarles para poder ponerles sus nombres… No he sido capaz. Y esto, me sabe mal.

Por otra parte no tengo perdón ya que tengo por costumbre hacerme de planos de las ciudades y/o países que visito, con lo cual, si buscara en el mapa de Reunión posiblemente podría facilitarme la labor. El problema es que los planos no los tengo conmigo, en este momento.

Tras la disculpa, prosigo el periplo por Reunión.

   Después de una hora de disfrute en el bosque abandonamos aquel singular paraíso. De lo único que nos arrepentimos fue de no quedarnos a comer. En cuestiones culinarias el taxista parecía tener otros planes para nosotros, y propuso que almorzáramos algo más tarde (hacia las dos) junto a la iglesia de Santa Ana… Y… ¡A ver quién le contravenía! Por lo que pude deducir era un hombre de mente cuadriculada.

Respecto a la situación de esta iglesia católica, decir que es el edificio más destacado del distrito de Santa Ana (jurisdicción de la ciudad de San Benito.)

   Sentados en un banco de piedra comimos unos sandwiches y piezas de fruta. Y en un quiosco compramos un bocadillo (porque más de uno se quedó con hambre) y los cafeteros pidieron café. También el conductor compró allí su almuerzo, y notamos –de aquí en adelante- que le entró una prisa repentina.

Terminado el almuerzo salimos pitando de allí.

Debían ser las tres de la tarde, la excursión concluía a las 18:00 horas. Y aun quedaba por ir al circo de Salazie, cuya descripción ya realicé anteriormente.

   La perspectiva en el circo de Salazie fue diferente: la niebla brilló por su ausencia en cielos despejados. Y al haber tanta luz solar todos los colores de la Naturaleza destacaron más si cabe todavía.

Regresamos al puerto y nos despedimos del taxista.

A bordo del barco una preciosa puesta de sol nos acompañó mientras tumbamos nuestros cuerpos cansados en hamacas de mimbre al tiempo que dimos pequeños sorbos a unas coca colas.

   Y con estas líneas pongo fin a esta estupenda travesía por aguas del océano índico.

Espero hayáis disfrutado viajando virtualmente, aunque espero os animéis a

hacerlo físicamente. También espero que la información de todos estos artículos (referidos al crucero) os sean de utilidad.

Para terminar pongo datos referentes al viaje (algunos ya los puso.)

-Tipo de viaje: crucero.

-Naviera: Costa.

-Barco: Costa Neoromántica (los que comienzan con “Neo” son barcos reformados que han sufrido una remodelación total.)

-Circuito y/o ruta marítima: Océano Índico (continente africano) países insulares: Mauricio – Seychelles – Madagascar – Reunión (Isla de La Reunión, territorio francés) – Mauricio.

-Duración del viaje: crucero de 15 días. (18 días incluyendo el tiempo invertido en traslados y escalas.)

-Precio básico por persona: a partir de 3000 euros. (Camarote en cubierta número 6.)

-Época en la que se realizó este crucero: 22 de diciembre del año 2016 – 8 de enero de 2017.

Por Carolina Olivares Rodríguez.

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